Merope es el sueño del nibelungo, la voz de un bosque animado, la gota de la que nace un océano. Una estrella brillante, un dios mitológico o la dulzura hecha miel. Su música es un espejo de los fractales que componen la naturaleza, un bocanada de oxígeno puro, la mano del artesano.

Su música es compleja y apasionante. Una pieza suya es un manantial, una fuente inagotable de imaginería compositiva de la que beben el jazz experimental, el folclore ancestral de Lituania o la electrónica depurada y moderna. Incontables matices generados por la mixtura alquímica del kankles, el bansuri, percusiones y voces angelicales, como extraídas del edén.

Un quinteto con dotes de gran orquesta ensamblado a la perfección. Tras su exitoso primer largo, Nine days, vuelven con su segundo trabajo bajo el brazo. Una nueva aventura sonora que, por lo poco que sabemos, tributa a los mares, ríos y océanos.

Sonidos acuosos, extraídos de un viaje a los confines de lo desconocido y que tiene visos de convertirse en uno de los principales lanzamientos del 2015 dentro del circuito alternativo.

Su música atraerá a los duendes que pueblan desde tiempos inmemoriales el frondoso bosque de Merilán. El 2 de agosto visitan Santa Cristina. Un sueño que acaba de comenzar.

Escrito por Diego Soto