La guitarra clásica galega actual. Estudioso y perfeccionista, investigador incansable que husmea hasta el último aliento de una partitura olvidada, a punto de perecer, y la reanima, le da oxígeno y la devuelve a la vida. Su figura crece a cada paso, con cada nota, en cada detalle. Porque él es un músico de matices.

Fréderic Mompou, Bal y Gay o Tárrega son algunos de sus aliados del pasado, valedores del presente. Samuel detiene el tiempo, en cada repique, en cada limado. Sus conciertos son coherentes, con una seguridad escénica que se agranda en cada acto. Su discurso no decrece. Al contrario, cuanto más avanza, más peso tienen sus palabras. Porque él dialoga con su guitarra. La mima, la acaricia y saca de ella el mejor sonido de su género.

Es un músico con mundo corrido. Divulgador de la cultura gallega allá por donde pisa, ya sea en subido al escenario del Harare International Festival of The Arts (Zimbawe) o en el de The Council on Latin American and Iberian Studies (Universidad de Yale, EE.UU), promueve la importancia del estudio y la recuperación de textos clásicos pero de esencia folclórica.
Premio de la Crítica del Palau de la Música (Barcelona, 2013), Insignia de Oro de Temas Sevillanos, entre otros galardones, son algunos de los reconocimientos que este joven maestro ya atesora. Un músico multidisciplinar que combina su profesión y carrera musical con la de dirección artística del Festival Música no Claustro celebrado anualmente en la catedral de Tui.

El pasado año, en su visita a Santa Cristina, dejó un poso tan profundo que todavía se menciona su nombre entre copa y cigarrillo. Vuelve, en plena forma y en medio de la grabación de su segundo trabajo. Seguro que vuelven a sonar las campanas y trinar los pájaros que rodean el inmenso bosque que resguarda a Santa Cristina.

Escrito por Diego Soto